RAMIRO FERRERI

“Busco transmitir pasión y respeto por el trabajo que hacemos.”

Nacido y criado en Saladillo, Provincia de Buenos Aires, Ramiro nos cuenta cómo con 13 años consiguió su primer trabajo como lavacopas en un bar a raíz de una conversación que escuchó una noche en el ‘Servicompras’ del pueblo, punto de encuentro juvenil y popular post boliche. Volviendo al hecho de su contratación, esta se debió a su mera insistencia. Y su insistencia se dio por la simple necesidad de trabajar y colaborar en su casa. Trabajaba de noche e iba a la mañana al colegio. Ese año, sus padres se separaron y él se mudó con su madre y su hermana a una nueva casa.

En sus años de indómito adolecente, Ramiro salía con chicas más grandes, se vestía extravagante con camisas entalladas y tapados que le robaba a su madre, resaltaba entre sus pares y era incomprendido por ellos. Se desempeñaba como pésimo alumno llevándose todas las materias a Marzo y un día antes de rendir, estudiaba de resúmenes ajenos. Al momento del examen, seducía a las maestras con su fórmula especial de personalidad, inteligencia, atención a los detalles, una cuota de chamullo y ojos verdes.

Ramiro necesitaba hacer, trabajar. Quizás porque siguió el ejemplo de su familia que siempre fue laburante, quizás porque en la casa hacía falta el dinero, o quizás era su voz interna que lo alentaba a buscar alternativas, a no conformarse; y que le confesaba en secreto que su vida sería especial, que él llegaría lejos, que confiara.

El año que terminó el colegio, no tenía claro qué estudiar y no podía mantener un alquiler para vivir en Buenos Aires. Por lo que se quedó en el pueblo ayudando a su madre en la empresita que estaba arrancando que ofrecía servicios de gestoría en Saladillo y pueblos aledaños.

A los 19 años, Ramiro vino a Buenos Aires con currículums bajo el brazo, consiguió un trabajo como ayudante de cocina en un subsuelo en pleno centro y 15 minutos después, se dio cuenta que no quería ni podía estar ahí. Llamó a su mamá y le avisó que se volvía al pueblo. Por algún motivo, aún no estaba listo o no era el momento de irse de su casa.

Finalmente vino a Buenos Aires. En su mente y en la de muchos de su pueblo, era en Buenos Aires donde estaban las verdaderas oportunidades y las promesas de éxito. Su plan era trabajar como modelo/actor y estudiar psicología. Nada de eso sucedió. Pero sí consiguió trabajo en la barra de Crobar para su apertura; y al poco tiempo empezó a trabajar también en Opera Bay y en Club Araoz, y en La Cigale. Allí descubrió un universo nuevo de bebidas, licores e ingredientes como la menta y los frutos rojos.

El torbellino de trabajos aleatorios e interrumpidos terminó cuando comenzó a trabajar en Cuk Catering. Hasta ese momento, nunca había podido sostener un trabajo, era muy inquieto, insaciable y bastante irresponsable. Empezó como camarero eventual, después pasó a eventual de barra, y un buen día, en un evento en el Hotel Faena falló el encargado responsable del evento y Ramiro, en un arrebato de confianza en sí mismo, tomó la posta y llamó a su jefa y le dijo que él podía hacerse cargo de todo. Ella sin mucha opción, le dio el ok y este pasó al frente. No hubo vuelta atrás. Ramiro se lució, llegaron mails post evento felicitando su performance, y enseguida le ofrecieron un trabajo fijo como encargado del sector barra. Sin formación formal previa, construyó su saber de manera autodidacta: los sommeliers y cocineros fueron sus aliados, le dieron a conocer ingredientes y técnicas con las que él experimentó en la barra. De manera intuitiva, creativa y estética, hizo de la puesta de barra un sello personal totalmente innovador: una vidriera vistosa y colorida del mise en place desplegando botellas de pulpas y jugos y platitos con distintos ingredientes. Sucesivamente iba creciendo en responsabilidades, teniendo gente a cargo, metiéndose en logística y operaciones, aprendiendo mucho y desarrollando enormemente esa unidad de negocio.

En ese tiempo, tuvo la suerte de conocer a varios bartenders jóvenes que protagonizaban ‘la nueva generación’: Ludovico Di Biaggi, Mario Montes, Harris Olivera. Ellos le enseñaron que la coctelería tiene sus técnicas, que cada trago tiene su costo. Lo influenciaron con nuevas herramientas y con una nueva estética, una nueva mirada.

“Yo sentía que mi trabajo no tenía nada que ver con lo que ellos hacían. ¡No tenía idea de cómo hacer una receta! Ellos son los que me mostraron que detrás de la profesión había un negocio, sobre todo Ludo.”

Ramiro llevó el know how, profesionalismo y el look canchero de las mejores barras de Buenos Aires a las barras en eventos, y eso tuvo un impacto enorme. Al terminar su etapa en CUK, tuvo que barajar y dar de nuevo: junto a varios ex compañeros y secundado por Jorge Tillería, socio desde el momento cero, decidieron crear RF Compañía de Barras para eventos. Invirtieron lo que tenían y hasta lo que no tenían durante los primeros años. Salieron a la cancha ofreciendo una experiencia distinta en todo sentido, sosteniendo con sabia intuición su impronta: desde el mobiliario en sí con barras de diseño, algo que no se había visto antes en eventos, al look de los bartenders con tiradores, moños y camisas entalladas, al despliegue de la ya mencionada mise en place, espectáculo visual para todo aquel que se acercara a la barra.

Y fue tal como dice la dupla Lennon-Mc Cartney: ‘I get by with a little help from my friends’. Contaron con el apoyo clave de sus amigos bartenders que se estaban haciendo su lugar en las mejores barras porteñas. En equipo, marcaron tendencia. Nos cuenta que los primeros 4 años de su empresa, fueron para él y su socio, años de no dormir, de no tener sueldo fijo, de vértigo y adrenalina constante. En medio de todo el alboroto laboral, Ramiro pierde a su mamá adorada, su satélite, su incentivo para auto superarse y esforzarse al máximo siempre.

Hoy, ya reconocidos como una de las mejores compañías de barras y eventos, siguen innovando y trabajando para expandirse. En Noviembre del 2016 batieron un record realizando 95 eventos en un mes.

¿Un mito derribado? Que los cocteles de un bar no se pueden reproducir en una fiesta.

¿Cuál considerás que fue la clave del éxito de RF? Animarse a soñarlo, a visualizar el proyecto; dejar todo en el día a día, en el minuto a minuto. Y después, el complemento con mi socio sin dudas. Él siempre vio lo que yo no vi, y viceversa. También fue fundamental tratar bien a la gente, cuidar el producto, y hacer las cosas con pasión.

¿Un buen consejo que te hayan dado y quién te lo dio? Mi mamá: ‘Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires’, eso fue lo que me dio alas.

¿El mejor regalo que te hayan hecho? Un petiso cuando tenía 11 años.

¿Algo que te aburra mucho? Estudiar.

¿A quién admirás y por qué? A Pato (Scheuer) la mamá de Ludovico, y a Josie Bridge por la visión que tienen, ven hasta el mínimo detalle. A Mariano Vivaldo, que me enseñó mucho, lo conozco hace más de 10 años y siempre fue fiel a lo suyo. También admiro mucho a mi socio, porque ha logrado hacer cosas zarpadas.

¿Cómo te mimás a vos mismo? Jugando a la play.

¿Qué buscás transmitir con lo que hacés? Depende a quién. A mis clientes trato de llevarlos a una experiencia que sea 100% placentera. A mi equipo, trato de transmitirles la importancia de valorar el trabajo en equipo, de valorar la auto superación y el progreso. Transmitir algo que me enseñó mi mamá: que siempre se puede seguir creciendo siendo noble.

“Me encantaría tener un bar. Pero no me animo a dar el salto, tengo mucho miedo al fracaso. “

¿Tu bebida preferida? El té frío.

¿Cómo definirías tu estilo? Es una mezcla entre lo autodidacta, lo artesanal y lo delicado.

¿Algo que deberían enseñar en el colegio? Sería ideal tener una preparación para los contratiempos de la vida, estar más preparado para el fracaso. Creo que tanto yo como mi socio, desde chicos corrimos con viento en contra, y eso nos dio el poder de supervivencia. Pero es difícil, agotador y frustrante que las cosas no se den aunque uno las haga con pasión y buena leche. Y también deberían enseñarnos a ser más independientes y no prepararnos tanto para la relación de dependencia, sino para ser más emprendedores.

¿Por qué te gustaría ser reconocido? Desde que empecé con este proyecto quise trascender. A mi socio siempre le digo ‘Vinimos con nada y nos podemos ir sin nada. Pero estaría bueno trascender en el tiempo, por innovadores, por gente de culto al trabajo y respeto al trabajador’. Quizás sea recordado por haberme obsesionado en perfeccionar esto, eso depende de mí.

¿Qué querías ser de chico cuando fueras grande? Actor.

¿Un pendiente? Trabajar en un bar en una playa divina, poder agasajar tranquilo, que mi perro esté suelto por ahí.

¿Qué debería hacer todo el mundo al menos una vez en la vida? Animarse a patear el tablero e ir por una idea concreta, ir tras un sueño.

¿Quién te gustaría ser por un día? Consejero matrimonial. Me gusta eso de estudiar cada caso y aconsejar en función a eso.

¿Una frase que te repitas? ‘Esto es solo el comienzo’.

¿Qué te tiene entusiasmado actualmente? El reconocimiento de la gente que quiero y respeto. Generar laburo y así desde este proyecto que es mi sueño, alimentar los sueños de quienes trabajan conmigo que quizás no tienen que ver con la coctelería. Por ejemplo un estudiante de medicina, que su sueño es ser médico pero que cada vez que trabaja deja todo, porque el laburo le proporciona la estabilidad para cumplir su sueño.

¿Un aroma de la infancia? El jazmín, que está asociado a Sergio Denis. Mi vieja los sábados juntaba jazmines del patio y los ponía por todos lados, y limpiaba la casa escuchando a Sergio Denis. ¡Yo lo odiaba! (risas)

¿Qué le dirías a Ramiro de hace 10 años? Calma. Calma que con esfuerzo todo llega.

¿Dónde volcás tu creatividad? Mi creatividad o mi visión me abre las puertas a diseñar el escenario siguiente.

¿Qué te conmueve? La injusticia, la gente desamparada, la ignorancia.

¿Si pudieras pedir un deseo cual sería? Compartir mi vida con aquellos que se quedaron en el camino.

¿Talento, experimento o ejercicio? Experimento.

¿A quién te gustaría servirle un coctel? A mi mamá. Es medio cursi, pero me pasa. Ella siempre tuvo mucha incertidumbre de qué iba a ser de mí. Siempre tuve una personalidad de artista que no daba muchas seguridades. Ella decía que todos venimos al mundo a algo. Por más ridículo o banal que sea, mi trabajo me encanta y siento que vine a eso.

¿Hay algo más que quieras decir? Si. Gracias.

 

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