ISABELLE DIDOT

“En todo lo que hago busco la simpleza.”

Llegamos a Estudio Didot sobre la calle Gurruchaga, y al cruzar el portón, ya se respira belleza y buen gusto. Una vez adentro, se produce un deseo espontáneo o más bien una necesidad caprichosa de ‘absorber’ como se pueda todo lo que habita el lugar: ganas de poder leer en microsegundos las páginas de las decenas de libros y revistas de diseño que visten bibliotecas, o de hacer un cut/paste mágico que traslade los almohadones, cortinas y sillones allí desplegados, automáticamente a tu casa; y ganas de tomarte un café charlando por horas con la creadora de todo eso. Esto último se hizo realidad, y fue una experiencia interesantísima y por demás nutritiva.

Isabelle inició la conversación algo tímida, dudando sobre cómo comenzar a contar su historia, pero fue cuestión de preguntarle: “¿Cómo fue tu infancia? ¿Qué querías ser de chica cuando fueras grande?” para que, como quien abre un libro antiguo y pesado de tapa de cuero y letras doradas, nos remonte a Francia del siglo XVIII y nos cuente brevemente la historia de su familia: una de célebres impresores, tipógrafos, editores y bibliotecarios. Dentro de la cual destaca a Firmin Didot, creador de la famosa tipografía que lleva su apellido, revolucionaria para la época, e inventor del punto Didot y la pica, las unidades de medida tipográficas por excelencia.

El papá de Isabelle era francés y heredero de todo este legado. Pero a él no le gustaban los libros, le gustaba la música. Y llegado el momento, vendió la imprenta y todo lo referido a las letras.

Isabelle nos comparte datos de su árbol genealógico y anécdotas fascinantes: El primo hermano de su bisabuelo era Winston Churchill, su bisabuelo fue embajador de Inglaterra en Kenia y después ministro de aviación; y la bisabuela de Isabelle, Amy Phipps de Guest, fue quien sponsoreó a Amelia Earhart para ser la primer piloto mujer en cruzar el océano atlántico en avión (tras la negativa de su familia a que fuera ella misma quien realizara la proeza). Amy era fanática de la aviación y filántropa, hija de Henry Phipps, pionero en la industria del hierro en Estados Unidos.

Estos datos que a priori, parecen solo aportar color a la entrevista, resultan ser fundamentales para comprender algunos rasgos de la personalidad de Isabelle. Su historia familiar, no fue transmitida a ella como un recuento lejano y polvoriento, sino como uno cercano y vívido, atravesado de invenciones, logros y genialidad, de personalidades fuertes y cambios de paradigmas.

Hacedora adelantada, determinada, valiente, creativa, perfeccionista y exigente, Isabelle tuvo a quien salir. El respeto y la admiración por la belleza, por los materiales nobles, y el compromiso por ser lo mejor que uno puede ser, es ‘cosa de familia’.

Durante su infancia vivió en el castillo de su abuela en Francia. “Era un lugar divino, todo rodeado de agua. Mi abuela era fanática de las flores, había flores por todos lados. Además tenía caballos de carrera… aunque era alérgica, pero mamá era fanática. También era escultora y cantante de ópera. Yo me hice muy amiga de ella. Era un personaje especial: era muy graciosa pero re estricta también.”

¿Qué querías ser de chica cuando fueras grande? Siempre me gustó dibujar. Y de chica tenía un juego de ladrillos tipo Rasti con los que construía casitas. Me gustaba desafiarme a armar diferentes modelos de casas con la misma cantidad de ladrillos.

“Cuando terminé el colegio, no sabía que quería estudiar arquitectura. Pero había una amiga que estaba de novia con el hermano de Gloria César, Chapete César, que estudiaba arquitectura, y a mí me encantaba verlo dibujar con los Rotring, y los tableros mientras escuchaba música, me encantaba todo su look.”

Después de un viaje  de 3 meses por Europa, más precisamente en Italia, se dio cuenta de que quería ser arquitecta.

Estudió en la UBA durante 3 años, en ese entonces la situación de la facultad era un caos: “No iban los que limpiaban los baños, ni el que abría la puerta, no podíamos entrar.” Por lo que incentivada por su madre, se fue a estudiar a Estados Unidos. Después de un año en Champagne Urbana entró a RISD (Rhode Island School of Design) donde respiró y se dejó envolver por todo el diseño que embullía a su alrededor: diseño de moda, cine, diseño gráfico y arquitectura por supuesto. Recuerda en especial, a una chica que hizo un vestido de chocolate, todo marmolado. Isa es admiradora del talento, el talento la conmueve.

Hizo los 5 años de la carrera en 3 y al recibirse se fue a California a trabajar. Su primer experiencia laboral fue ni más ni menos que con Frank Gehry. Después de un tiempo, sabiendo el lugar increíble que dejaba pero fiel a su espíritu impulsivo, renunció para trabajar en otros estudios, quería conocer más… quizás todo.

“Soy autoexigente. La perfección me persigue. No me voy a conformar con algo hecho a medias. Y eso a veces está bueno, y a veces no está tan bueno.” (se ríe)

Dejó California para hacer un master intensivo en Columbia University en New York. Ahí su cabeza terminó de abrirse a un sinfín de estímulos, de conocimientos múltiples y maneras de pensar, de personas y personalidades diversas, y los mejores profesores que uno pudiera pedir.

¿Cuál fue el mayor aprendizaje de esa época? Que siempre se puede… todo. En diseño a veces decís ‘No se puede, hasta acá’. Y no. Siempre se puede. Siempre hay una solución, solo hay que trabajarla. A veces te frustrás, a veces te enojás, pero siempre hay una solución. Es cuestión de tiempo y experimento, de probar, de tratar.

Al terminar el master se dio cuenta de que extrañaba Argentina y decidió volver. Se alquiló un departamento en Palermo que diseñó ella de pies a cabeza; y participó de FOA enseguida, cambiando la consigna de ‘diseñar una vivienda en un loft de 70mts2’ a diseñar un baño de las mismas dimensiones. Disruptiva y genial.

A raíz de esto comenzó a diseñar baños para otros, después casas. También comenzó a realizar ambientaciones a partir de que su amigo Javier Luquez le pidiera que ambiente su cumpleaños una y otra vez. Así se comenzó a consolidar el trípode que hoy define Estudio Didot: arquitectura, interiores y eventos.

“Hago de todo. En todo fui metiéndome de casualidad. Nunca pensé que iba a terminar diseñando muebles.”

¿Qué es lo que más disfrutás? Diseñar para este local es lo que más disfruto.

“Siempre estoy mirando, siempre estoy buscando”

¿Un desafío? Llevar esto adelante todos los días. El desafío quizás es conmigo misma, de seguir diseñando, de seguir creando, seguir proponiendo cosas nuevas. No hay que quedarse, hay que continuar perfeccionando y mejorando.

¿Un sueño? Muero por tener un campo en Tandil, un jardín. Me imagino todo diseñado por mí.

¿Quién fue la primera persona que creyó en vos? Mi mamá.

“Siempre digo que soy re simple pero en el fondo soy re compleja. Tengo un pedazo de acá, otro de allá pero en todo lo que hago busco la simpleza.”

Como si quisiera estar vacía para poder llenarse de toda la belleza que constantemente está buscando y descubriendo. Isa es compleja y simple a la vez. La complejidad está dentro de ella, por todo lo que vivió y cómo lo vivió, pero en su estilo y formas es simple y cálida, para poder así absorber y entender todo aquello que la fascina en este mundo.

¿Algo que te emocione aunque se repita una y otra vez? La belleza me emociona muchísimo. Mi abuela me decía: siempre hay que mirar cosas bellas. Y cuando uno es capaz de crear esa belleza, es algo emocionante, producirla te emociona. Para llegar a eso hay que eliminar un montón de cosas en el camino.

“Cuando uno diseña para otro, hay que saber escuchar, adaptarse, entender la forma de vivir del otro. Y creo que eso es algo que me caracteriza.”

¿Cuál es tu momento de mimo? Me gustan mucho los sábados a la mañana… leo, descanso. Me gusta mucho estar en mi casa tranquila con un buen desayuno.

¿Una cualidad que te reconozcas? Me cuesta mucho decir cosas lindas de mi persona pero creo que sé escuchar y mirar, que son cualidades desapercibidas.

¿Un referente estético? Tantos! En todo lo que sea interiores, hoy por hoy, Christian Liaigre, en arquitectura Louis Kahn y Barragán.

“Las cosas que más miro son aquellas que logran llegar a una simpleza, una belleza simple, elegante, casi escultórica.”

¿Qué te gustaría hacer más? Hacer más jardinería, cocinar más, la huerta.

“Para diseñar tenés que tener paz. Hay que encontrar ese lugar, porque el ruido molesta.”

¿Qué inquieta tu mente? Educar a mis hijos me inquieta, quiero que puedan tener una linda vida.

¿Por qué te gustaría ser recordada? Quizás tenga que diseñar este jardín que te digo en el campo de Tandil. Me gustaría ser recordada por algo muy lindo que la gente pueda visitar y disfrutar, algo que perdure.

¿Un color, una textura un aroma y un sabor? Un aroma el zándalo. Una textura, el terciopelo, me gusta mucho. Y un color… ¿o el no color? Este año me apasioné con el verde. El verde le da mucha vida al blanco y al negro, que son no colores. Y un sabor, el chocolate pero no cualquier chocolate.

“Siempre busco la calidez, la calidez es importantísima.”

Si pudieses nacer en otra época, ¿en cuál nacerías? En la de Coco Chanel, me parece una mujer genial que cambió toda una era. Me hubiese encantado conocerla, trabajar para ella.

Además de un talento que le fluye de manera natural, Isabelle transmite que, hacer las cosas bien, con determinación y esmero, es una actitud frente a la vida. Y que crear belleza es su pasión, su búsqueda constante, de la cual a su vez se alimenta.

 

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