DEBBIE · SHINY HAPPY PEOPLE

 “No me aburro porque estoy todo el tiempo pensando ideas nuevas, desafíos nuevos.”

Debbie es la más grande de 4 hermanos. Trabaja desde que tiene 15 años. Fue azafata durante 8 años de su vida, hasta que a sus 26, después de la muerte de su madre, decide dejar de volar. Esta, fue una etapa difícil, pero de mucha unión con sus 3 hermanos más chicos, con quienes vivió en la misma casa hasta que la más chica cumplió la mayoría de edad:

“Todos trabajábamos y poníamos plata en una caja chica. La casa se caía a pedazos porque era antigua, y venían 30 amigos a pintarla: música, empanadas y amor. Fue una etapa dolorosa pero de mucho aprendizaje, de mucho amor. Tenía que pasar por eso.”

Debbie nos cuenta de sus padres, y los describe a ambos bohemios y creativos: su mamá escribía, era fantasiosa y soñadora y le gustaba mucho la música. Su padre siempre fue súper hábil con las manos, extravagante e ingenioso. También menciona a su abuelo paterno, dueño de un espíritu inquieto y estilo estrafalario, personaje entrañable, pionero de las peregrinaciones a Luján, que realizó hasta sus 78 años vestido de traje de punta en blanco.

En el colegio, Debbie se aburría mucho y se escapaba a lo de la mujer de su abuelo, que le leía las cartas mientras tomaban café turco y fumaban, era su refugio. Su paso por el colegio terminó cuando repitió de año, y la echaron. Rindió libre todo el secundario.

Siguiendo las enseñanzas de su madre, buscó constantemente lo que la hiciera feliz. Su primer emprendimiento fue haciendo manteles de lino a medida para novios recién casados que entregaba en cajas sustentables (así de especifico); a los 27 años empezó a trabajar para Martín Roig, su mentor, impulsor y más tarde, su mecenas. Y durante 6 años tuvo un blog llamado ‘Visions of Johanna’, donde escribía poemas, anécdotas, recomendaba canciones y películas.

“Con Martín aprendí mucho de eventos y conocí mucha gente. Él me cuidó para ‘salir al mundo’, salir del cascarón, me dio una gran mano.”

Viviendo el mundo de los eventos desde adentro junto a Martín, Debbie no podía creer que en las mejores fiestas de Buenos Aires, el cotillón existente fuera tan standard, de baja calidad y tan poco original. “No podía ser que en fiestas increíbles, hubiera mujeres tan lookeadas con un galerón flúor y deforme.” Desde su ojo esteta, dicha disonancia le llamó mucho la atención, y la disolvió tomando el toro por las astas y siendo ella quien cambiara el mercado del cotillón para eventos.

La presentación en sociedad de Shiny Happy People fue ni más ni menos que en el casamiento de Puli Demaría y Chule Bernando, fiestón al que asistió la crème de la crème del mundo de los eventos. Para esa noche, Debbie diseñó capelinas de Raffia, pañoletas tipo Hermes, vinchas de lentejuelas con flores de raso y collares de perlas. Fue un furor absoluto, causó sensación.

Después de ese gran debut, trabajó sin parar, apostó a cada cliente confiando en el poder del boca en boca y en la generosidad kármica del universo. Salía a las 8pm de trabajar para Martín y arrancaba a trabajar para ella. De a poco, los clientes empezaron a asomar y fueron cada vez más. Llegó el momento donde necesitó arriesgarse para dar el salto, y en ese acto de coraje tuvo el mejor jefe que uno puede pedir: Martín creyó tanto en ella que no solo aceptó con orgullo su renuncia, sino que le pagó el sueldo durante un año más, para que Debbie pudiera emprender tranquila sin tener que preocuparse por el pago de la hipoteca de su casa que la mantenía en vilo.

¿Qué aportaste de distinto a lo que había? El diseño, la estética y la calidad. Yo soy la que elige cada pluma, yo elijo los géneros. Todo es personalizado.

¿Un hit de Shiny? Los sombreros de lentejuelas con flores y los chalecos fluor, que ya  los dejé de poner porque me los copiaron. Y la bolsa de ‘This is my post party bag’ que también la copiaron, me copiaron todo.

¿Cómo describirías tu trabajo? Súper creativo. Trato de que no sea efímero, de que quede en los recuerdos y de forma tangible.

¿Cómo es tu equipo? Tengo de brazo derecho a una amiga que me resuelve mil cosas, alguien que me cose y un cadete. Son mis ‘Handy Andys´, ¡los amo!

¿Cuantas horas trabajás por día? Depende, hay días de mil horas y otros en que me tomo la tarde para ver una amiga.

¿Hora de levantada/acostada usual? A las 9am me levanto que viene el paseador de mis dos perros, y me acuesto a las 2am aprox.

¿Cómo bajás las ideas? Me grabo, busco fotos de referencia, voy a los lugares de telas, de accesorios, y flasheo. Tiro cosas arriba de la mesa y pienso: ‘¿Qué pasa si a esto le agrego esto?’.

¿Cuál es tu fuerte? La imaginación.

¿Cuándo supiste que tenías algo groso entre manos? Cuando arranqué, porque me tenía mucha fe. Decía: ‘No puede ser que no haya nadie que haga algo distinto’.

¿Cuál fue el mayor desafío? Mantenerme a lo largo de todo este tiempo, reinventándome, reinventando la marca.

¿Dónde está la clave? La clave está en la constancia y en que te apasione lo que hacés. Amo lo que hago. Si le preguntas la fórmula a cualquiera que la haya pegado te va a decir ‘la pasión’. Creo que la pasión es el mayor motor en cualquier trabajo, y se ve reflejado en lo que haces.

¿Alguna regla de oro sobre la que trabajes? Tener empatía. No subestimar ni sobrevalorar al otro, no tener prejuicios con nadie. Cada persona tiene su historia

¿A quién te gustaría diseñarle el cotillón de su fiesta? A un primo de mi vieja, Federico Manuel Peralta Ramos. Siempre me sentí muy identificada con él, y creo que tengo algo de esa locura que él tenía.

¿El mejor regalo que te hayan hecho? Un ex novio mío me regaló un libro de actas numeradas que mandó a hacer con 100 canciones de Bob Dylan escritas en distintas caligrafías por él, y una dedicatoria increíble. Ese libro terminó tiempo después expuesto en un museo itinerante de ‘ex’ en el Centro Cultural Recoleta.

 ¿Un miedo? Perder la frescura y esa cosa de niña que sigo teniendo.

“Creo que en las crisis es donde el ser humano más aprende. A mi particularmente las crisis me pegan para activar el motor. No me achatan, al contrario, me impulsan a hacer.”

¿3 características que hablen de vos? Apasionada, creativa y muy sociable, tengo muchos amigos.

¿Cómo manejás la copia permanente? Al principio me indignaba. Decía ‘¿Cómo puede ser? ¡Qué carentes de ideas!’. Ahora lo veo como un desafío personal. Digo ‘Me copiás este modelo, bueno, yo hago otros 10 nuevos’. Me mantiene vigente.

¿Un logro? Tener más templanza. He evolucionado mucho conmigo misma, laburo mucho para ser mejor persona. Aprendí a callarme. Es muy interesante lo que se genera en una reunión cuando uno se calla la boca y escucha al otro.

¿Un libro? ‘Atrapa al pez dorado’ de David Lynch. Lo leí dos veces.

¿Qué le dirías a tu yo de 15 años? Le diría que disfrute porque todo pasa. Que me quede tranquila, que todo va a estar bien.

¿Qué es el éxito para vos? El éxito para mí es sentirme completa, realizada en todos los campos. Lograr paz mental, que nada me perturbe.

¿Qué no puede faltar en tu heladera? ¡En mi heladera hay de todo! Soy una especie de Idish mame. Tengo fobia a las heladeras vacías… de años de pobreza y de que Mamá era tipo Sarmiento: ‘Acá se come lo que hay, esto no es un hotel’. Bueno, en casa tengo de todo. Si sé que te gusta el agua tónica, tengo agua tónica. Pero no puede faltar huevos, queso y leche para hacer un omellete, y para hacer un rico café, y alguna fruta.

¿Un ritual? Un ritual es ponerme todos los años una aprendizaje nuevo. El año pasado fue cocinar y cursos de timonel. Este año fue boxeo y djing.

¿Un gran maestro y qué te enseñó? Martín Roig que además de todo sobre el mundo de los eventos, me enseñó a trabajar de manera impecable. Me enseñó que tu nombre es tu nombre, que siempre tenés que sacar lo mejor de vos y dar el máximo de vos. Hacer todo impecable siempre.

¿Una moda que te gustaría que vuelva? La moda de volver a conectarnos. De sentarnos largas horas a charlar sin estar pendientes del teléfono. Esa sensación de libertad que te da que nadie sepa dónde estás y perder la tarde entera (mejor dicho encontrarla) charlando con alguien tête à tête. Trato de ponerlo en práctica cada vez que me junto con amigos.

¿Por qué te gustaría ser recordada? Por buena mina, definitivamente.

¿No serías vos sin…? Sin mi sentido del humor, sin mi personalidad.

¿Qué buscas transmitir con lo que haces? Alegría.

¿Una frase de cabecera? ‘Solo sé que no sé nada’, porque todo está por aprenderse. Me encanta aprender.

Y como Debbie disfruta mucho el cine, le pedimos que nos recomiende 5 películas que todo el mundo debería ver:

-Les tripplettes the Belleville, Sylvain Chomet.

-The Party, Peter Sellers.

-Eterno Resplandor de una mente sin recuerdo, Michael Gondry.

-Armacord, Federico Fellini.

-Angel A, Luc Besson.

Cada cliente es un mundo, y Debbie lo sabe. La oportunidad de poder zambullirse en cada uno de esos mundos como Alicia en el país de las maravillas, es lo que le encanta de su trabajo, crear personajes, diseñar desde ahí adentro. Desde el cine, la música a todas las series juveniles que ven sus clientas de 15 años, cambia de piel para cada cliente. Los resultados por supuesto, son espectaculares. Su cabeza es elástica y se regenera constantemente, como consecuencia, una mente ‘forever young’ e ilimitada. Su genio creativo y versátil combinado con su sensibilidad y capacidad de escucha la hacen única.

 

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