CELEDONIO LOHIDOY

“El éxito es el disfrutar y percibir los logros.”

Celedonio nos recibe en su local de Libertador y Tagle. Es como entrar a un mundo paralelo, uno que flota entre un cuento de hadas y Alicia en el País de las Maravillas. Todo es belleza en un equilibrio perfecto donde se destaca la sobriedad, lo distinguido y lo orgánico.

Celedonio es claro al hablar, sonriente, y transmite una energía calma y envolvente a la vez. Transmite libertad.

“Siempre me gustó mucho hacer cosas con mis manos. De chico me resultaba difícil poder comunicar lo que veía, lo que sentía, y los procesos creativos que tenía en ese momento (que ni sabía que se llamaban así).”

Nos cuenta que desde siempre es un observador de la naturaleza, y que su deseo de recrearla en alguna medida y de comunicarla, lo trajo a su hoy. Hay gente que comunica desde la oratoria, la pintura o la escritura, Celedonio lo hace a través de sus manos y de la materia.

Se crió en el campo, en Azul, donde absorbió toda la naturaleza que éste entorno le ofrecía. Pasaba horas en su mundo interior, de ensoñación y aventura, de exploración y experimentos. Era tímido, un tanto solitario y feliz. Él en su mundo en el medio del campo, no necesitaba nada más.Vino a Buenos Aires a estudiar Arquitectura, y trabajó desde muy chico para mantenerse. Su primer trabajo fue lavando copas en un bar: “Rompí tantas copas que me echaron”. Y después en un estudio de Arquitectura donde trabajó por 17 años.

“La arquitectura siempre va a estar conectada con mi hoy. Diseño para las personas. Ya sea un objeto, una pulsera o una cama, cualquier cosa que la persona necesite.”

Para el final de su carrera en la UB, sus jefas en el estudio comenzaron a diseñar joyas, y Celedonio empezó con ellas. Ese fue el puntapié inicial para dedicarse años más tarde al diseño de objetos y joyas.

¿Cómo creés que fue evolucionando tu estética? Creo que uno va madurando… vas madurando y vas viendo la vida de diferentes formas. Y ves menos también, y eso te da otra mirada (se ríe).

“Creo que soy un afortunado en poder comunicar, trabajar y vivir de mi talento. Creo que hay tantos talentos como personas hay en el planeta, todos tenemos un talento. Muchos no lo conocen, porque muchos no tienen ni la oportunidad de conocerlo… o no se animan, o no lo pudieron ver, o no lo pudieron desarrollar. Mi talento tengo la suerte de poder encarnarlo y poder vivir de eso. Mi talento podría decirse que es el sentir.”

Celedonio significa ‘golondrina’ en griego y ‘dueño del cielo’ en italiano. Tiene mucho que ver con lo etéreo, con el aire (que se trasmite en sus diseños) pero esto no lo define, puesto que Celedonio es a su vez enraizado, casero y disciplinado en sus procesos.

¿Cómo es tu trabajo hoy? Tengo el estudio donde diseño, proyecto y materializo. De ahí los productos vienen acá al local donde se venden. ¡Tengo un equipo que es genial! Es fundamental el trabajo en equipo, somos todos dientes de un mismo engranaje. Nos conocemos hace muchos años y funcionamos perfecto.

Sobre la vida y la muerte…

Lo que me voy a llevar el día de mañana a la tumba es la energía, la energía que cada día largo al cosmos. Si cada día puedo hacer algo bueno por alguien, lo hago por mí también. Si vos prendés una linterna por 5 minutos apuntando hacia el cielo, ese tiempo de luz viaja eternamente por el espacio. Esa energía es eterna, eso nos hace inmortales… no morimos.

Ama hacer picnics y andar en bicicleta para todos lados, disfruta de pequeñas cosas y las comparte con amigos o consigo mismo. Cuando vuelve al campo, hace fuegos, trepa árboles, duerme siestas a orillas del lago, se llena de humo y se ensucia las manos.

“Yo necesito contacto con la naturaleza, me inspiro en ella. Sino, es como conocer a tu musa y no poder verla.

¿Quién fue la primera persona que creyó en vos? Hay dos personas: Anne Bazán que fue mi jefa en el estudio de arquitectura, y Mariana Hartz que fue mi primer clienta.

¿Para quién diseñas? Ahora para mí mismo. Si tuviera que elegir a la clienta ideal, sería alguien relajado. Una mujer simpática, que se anime, auténtica, sofisticada. Que no sea vulgar, no comulgo mucho con la vulgaridad, de hecho alguien vulgar no compraría mis cosas.

Sobre el arte…

El arte es para mí lo que te hace sentir algo, que te estimula, que te proyecta o te transporta, eso es el arte.

Sobre la copia y la falta de originalidad…

Uno siempre despierta distintas sensaciones en los demás, distintos estímulos. Y no depende de vos, dependen del otro. No podes agradarle a todo el mundo o gustarle a todo el mundo. Vas a ser como tantas miradas tengas de vos mismo, y si no sos auténtico y no sos lo que tenés ganas de ser, perdés tu esencia.

¿Un logro? Trabajar de lo que me gusta.

¿Un gran aprendizaje? El intentar desprenderme del ego. El ego es mi peor enemigo.

¿Un desafío? Ser feliz.

¿Un prejuicio? Me he llevado tantas sorpresas que trato de no tener prejuicios… que nunca hay que juzgar un libro por su tapa.

¿Qué rasgos de tu personalidad son los que más brillan en tu trabajo? La atención, presto mucha atención; y cuando le presto atención a alguien siento a ese alguien. Creo que esa es una virtud mía, sentir al otro.

¿Tenés alguna regla dorada de la vida o de tu trabajo? La honestidad, ser honesto.

¿Cómo te describirías en una línea? Soy bondadoso, poco paciente… Si alguien me pide algo, no se me pasa por la cabeza decirle que no.

¿Un motivo de malhumor? La impuntualidad.

¿Un libro? Claus y Lucas, de Agota Kristof. Es un libro muy descarnado pero muy bien escrito.

¿Un plato de comida? Todo lo que se haga en una olla. La olla une, contiene.

¿Una película? El festín de Babette.

¿Una frase? Confusio dijo: ‘Voy a comprar arroz y flores. El arroz para vivir y las flores para tener un motivo para vivir’.

¿Tu estación preferida? El otoño.

¿A quién admirás? A cualquier persona que sea genuina. Por eso me gusta la gente vieja, porque pierde esa cosa de ‘tener que decir lo políticamente correcto’, pierde la inhibición, dicen lo que sienten.

¿Por qué te gustaría ser recordado? No necesito ser recordado. Quizás alguien me recuerde… me gustaría que me recuerden por los picnics, o porque me subí a un árbol y me caí.

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